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Un día estaba almorzando en lo de mi abuela, como todas las semanas solía hacer. La televisión estaba prendida de fondo. Cuando casi habíamos terminado de comer, mi abuelo cambió de canal y puso el programa que como de costumbre mirabamos. Hise un comentario, de que me gustaba la canción inicial. Mi abuela, desde la cocina, entendió que dije que no me gustaba. “Igual que tu abuelo” dijo. En ese momento lo miré confundida. Era chica, supuse que lo ponían porque a todos les gustaba. “¿Por qué cambias de canal para poner algo que no te gusta?” pregunté. Él se rió, entendiendo la inocencia de mi pregunta. Entonces contestó: “Porque a ella le gusta”. Y ahí entendí, con solo esas palabras, todo lo que significaban. Entendí la simplicidad con la que contestó, como si estuviera diciendo algo obvio. Pero, a pesar de mi corta edad, entendí también que no lo dijo resignado o por compromiso: lo dijo por amor. Lo dijo sintiendo que aportaba algo para la felicidad de su esposa, para ver otro día más una sonrisa en su cara.

Ese día entendí que a veces el amor sí dura para siempre.

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